Un exhaustivo trabajo de investigación rescata la figura de un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que entre 1910 y 1946 acumuló 33 patentes aeronáuticas —entre ellas las relativas a su helicóptero La Libélula Española— y cuya contribución a la historia de la aeronáutica española permanecía hasta hace poco prácticamente ignorada. Su figura ha sido recuperada gracias al trabajo realizado, durante dos décadas, por una de sus nietas, Isabel Díaz de Aguilar, en colaboración con ingenieros, técnicos, historiadores, universidades, instituciones, asociaciones, fundaciones y colegios profesionales.
Fuente: Isabel Díaz de Aguilar Cantero y Federico Suárez Caballero, La huella de Federico Cantero Villamil en la sociedad e industria de Castilla y León (1874-1946). Recuperación y difusión de su legado. Consejería de Industria, Comercio y Empleo de la Junta de Castilla y León, Madrid, 2025.
La recuperación de una figura injustamente olvidada
El empeño de Conchita Cantero García-Arenal e Isabel Díaz de Aguilar Cantero, hija y nieta respectivamente de Federico Cantero Villamil, ha sido el motor que ha permitido devolver a la memoria colectiva a un ingeniero de Caminos, Canales y Puertos al que sus biógrafos califican de inventor excepcional, volcado en aplicar su talento al servicio del progreso. Dicho proyecto surgió a raíz de la publicación de su biografía Federico Cantero Villamil. Crónica de una voluntad. El hombre, el inventor, Federico Suárez Caballero, Arts & Press, Madrid, 2006.
Su presentación el 24 de noviembre de ese mismo año en el Instituto de la Ingeniería de España, organizada por la Asociación de Ingenieros Aeronáuticos de España, fue crucial: supuso el reconocimiento de la importancia de su figura. El acto fue presidido por el presidente del Instituto, Luis Jiménez-Casina Basagoiti, y el decano del Colegio de Ingenieros Aeronáuticos, Antonio Martín-Carrillo, e intervinieron el biógrafo Federico Suárez Caballero, el catedrático López Ruiz y la hija del ingeniero, Conchita Cantero García-Arenal.
Nacido en 1874 y fallecido en 1946, Cantero Villamil fue, a juicio de quienes han estudiado su trayectoria, un profesional inquieto y curioso que no se limitó a su campo de especialización, sino que extendió su actividad inventiva a terrenos muy alejados de la ingeniería de infraestructuras. Su talante discreto le privó de visibilidad y, durante décadas, su nombre resultó desconocido incluso entre sus propios colegas de profesión. «Cuando las palabras invención y patente se asocian a él, hay que tener muy en cuenta el periodo en el que desarrolló su trabajo científico-ingenieril: finales del siglo XIX y primera mitad del siglo XX». Se enfrentó a la escasez de medios industriales y materiales, a una mano de obra sin cualificación técnica suficiente y a una cultura inversora poco dispuesta a asumir riesgos.
El fruto de ese empeño familiar es el libro La huella de Federico Cantero Villamil en la sociedad e industria de Castilla y León (1874-1946). Recuperación y difusión de su legado, firmado por Isabel Díaz de Aguilar Cantero y Federico Suárez Caballero, síntesis de dos décadas de investigación consagradas a recuperar, poner en valor y divulgar la obra de este singular personaje. Los propios autores la describen como «archivo, resumen y compendio» de cuanto se ha hecho durante estos veinte años para que el nombre de Cantero Villamil ocupe el lugar que le corresponde.
La difusión universitaria de su figura llegó también a la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Telecomunicaciones de la Universidad Rey Juan Carlos, en el campus de Fuenlabrada, donde su figura y obra fueron objeto de atención en el contexto de actividades académicas ligadas a la historia de la tecnología española, en 2010.
Décadas de investigación en torno al helicóptero: La Libélula Española
Dentro de su obra aeronáutica, la dimensión y el alcance de la aportación de Cantero Villamil resultan singulares en el contexto español. En 1910 escribió una carta al piloto francés Louis Blériot pidiéndole presupuesto para la fabricación de un avión de su propia invención basado en el de los hermanos Wright, y ese mismo año le fue concedida su primera patente de invención, con el firme propósito de desarrollar un aparato más pesado que el aire con capacidad de elevarse verticalmente. En Zamora montó un taller de mecánica de precisión donde más adelante fabricaría las palas de los rotores que ensayó.
Hacia los años veinte, aquel taller dio paso a un laboratorio aerodinámico propio, también en Zamora, donde llevó a cabo experimentos sobre la sustentación de rotores. De aquellos trabajos surgió, entre otros hallazgos, un fenómeno aerodinámico al que el coronel Emilio Herrera Linares daría el nombre de «efecto Cantero-Villamil». El libro subraya que su banco de prueba fijo de rotores se anticipó al laboratorio aerodinámico de Cuatro Vientos: en él ensayó, de forma segura y económica, los complejos problemas que planteaban los rotores de las aeronaves de alas giratorias.
En 1935 tomó la decisión de materializar años de investigación en un prototipo al que denominó La Libélula Española. Abrió para ello una oficina técnica en Madrid e incorporó al proyecto al joven ingeniero aeronáutico Pedro Blanco Pedraza, segundo de su promoción de 1935 en la Escuela Superior de Aerotécnia. La construcción comenzó ese mismo año en el taller de Antonio Díaz, empresa auxiliar del sector aeronáutico, con el propósito de realizar el primer encendido de motor en septiembre de 1936. La Guerra Civil Española interrumpió bruscamente aquellos trabajos.
Apenas concluida la contienda, en abril de 1939, Cantero Villamil se puso a reconstruir la documentación destruida y a recuperar los materiales dispersos. En 1941, gracias al apoyo de la Sección de Estudios y Experiencias del recién creado Ministerio del Aire, el prototipo fue trasladado al aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), donde se reanudaron tanto la construcción como los ensayos. En marzo de 1944 obtuvo dos nuevas patentes —la nº ES164204A2 y la nº ES164761A2—, mejoras sobre la patente nº ES149788A2 concedida en noviembre de 1940, lo que indica que durante 1942 y 1943 se realizaron numerosos ensayos que condujeron a importantes modificaciones, aunque no se haya encontrado testimonio escrito de ello. En 1944 el aparato se desplazó previsiblemente a las instalaciones del Instituto Nacional de Técnica Aeronáutica (INTA) en Torrejón de Ardoz.
En octubre de 1945, el Director General del INTA, Felipe Lafita Babío, comunicó por escrito al inventor que el organismo había acordado crear una subsección específica para el estudio del helicóptero. Cantero Villamil escribió ese mes a José María Espada Peñín, su colaborador en Zamora en las investigaciones y experiencias iniciales con hélices y rotores: «Al fin y al cabo de tantos años, parece ha tomado ruta definitiva el resultado de todas aquellas investigaciones y experiencias que con tanto afán y entusiasmo realizábamos».
Desde que presentó en noviembre de 1940 la patente de su prototipo de helicóptero La Libélula Española, continuó incorporando modificaciones hasta su fallecimiento el 22 de diciembre de 1946. Con su muerte se pierde la pista tanto del proyecto como del propio prototipo: no se conserva documentación concluyente sobre los resultados de los ensayos ni sobre si el helicóptero llegó efectivamente a volar. El catedrático emérito José Luis López Ruiz apuntó que «es bastante verosímil pensar que todos los desarrollos (1936-1946) del helicóptero estuvieran acompañados de ensayos en vuelo», lo que convertiría a La Libélula Española en el primer helicóptero de diseño y construcción española en haber volado. No obstante, el propio experto reconocía que «con su muerte desaparecieron todos los registros de los ensayos realizados y sus resultados, así como de los vuelos, si es que finalmente hubo alguno. También desapareció el propio helicóptero, su motor y elementos de instalaciones, sin que haya quedado más referencias que las fotografías y documentación del archivo de Concepción Cantero García-Arenal».
El inventario de patentes: 33 títulos aeronáuticos entre 1910 y 1946
La actividad inventiva de Cantero Villamil en aeronáutica articuló dos líneas de trabajo que se entrecruzaron a lo largo de más de tres décadas: el helicóptero y la aerodinámica. El resultado cuantitativo es llamativo: 33 patentes registradas en España, de las cuales ocho corresponden específicamente al helicóptero, más registros adicionales obtenidos en Francia, Reino Unido y Estados Unidos. La serie arranca con la patente ES48214A1 en 1910 y cierra con la ES172328A1 en enero de 1946, apenas semanas antes de su muerte.
En su análisis técnico del conjunto, el catedrático López Ruiz destacó de manera particular las patentes ES140073A1 y ES140090A1 (1936), que a su juicio «representan un avance sobre las técnicas que se utilizaban en aquellos momentos para resolver los problemas de ajuste automático del paso de las palas de los rotores y para la impulsión de estos sin aplicar directamente un par mecánico a su eje». Igualmente, según la valoración del mismo experto, la última patente de alas giratorias (ES172328A1, 1946) mostraba «una limpieza aerodinámica notable y muy superior a los coetáneos de Sikorsky y Bell».
El conjunto de sus treinta y seis patentes —sumando las de otros ámbitos— evidencia, según el libro, una mente creativa capaz de anticipar soluciones que sólo décadas más tarde, cuando la tecnología lo permitió, encontrarían aplicación práctica. En paralelo a los trabajos sobre helicópteros, Cantero Villamil investigó la aerodinámica de alas fijas y giratorias, el aprovechamiento de la energía eólica para el vuelo sin motor y distintas configuraciones de propulsores a reacción (5 patentes). Las patentes registradas en España pueden consultarse a través del archivo histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), y las internacionales a través de la base de datos Espacenet de la Oficina Europea de Patentes (EPO).
Los planos de las patentes: un patrimonio visual expuesto al público
Una parte especialmente valiosa del legado de Cantero Villamil son los planos originales de sus inventos aeronáuticos. A lo largo de las doce exposiciones organizadas durante estos veinte años (la primera en 2007, la última en 2020), se mostraron paneles con planos de sus distintos proyectos y patentes. Fue en la de 2018, La ingeniería en Zamora: el porvenir que se gestó, el que se construyó y al que nunca se llegó (Zamora), organizada por profesores de la Escuela Politécnica Superior de Zamora de la Universidad de Salamanca, donde por primera vez se dedicaron siete paneles exclusivamente a patentes de invención, en su mayoría aeronáuticas: los de La Libélula Española (patentes ES149788A1, ES164204A2 y ES172328A1), las primeras hélices que diseñó (1910), las turbinas de gas y los propulsores a reacción de la posguerra.
Obra escrita: artículos y libros sobre aeronáutica
La vertiente publicística de Cantero Villamil en materia aeronáutica complementó su labor como inventor. Desde 1913 colaboró con artículos en la revista Madrid Científico —el primero, titulado «Progreso en los aeroplanos»— y a lo largo de los años veinte publicó reflexiones sobre el vuelo contra el viento y la energía cinética del aire. En 1923 dio a la imprenta el libro Aviación y relatividad. Problemas del vuelo sin motor. Exposición elemental. La hélice que se atornilla en el viento (Gráficas Reunidas, Madrid, 141 páginas), disponible en la Biblioteca Nacional de España, que ese mismo año apareció también en francés bajo el título Aviation et relativité. Les problèmes du vol sans moteur (41 páginas).
José Luis López Ruiz: la autoridad académica que acreditó el hallazgo
Para que el legado aeronáutico de Cantero Villamil pudiera ser evaluado con rigor, resultaba imprescindible contar con un experto de primer nivel. Ese papel lo desempeñó el profesor José Luis López Ruiz, durante muchos años el único catedrático de helicópteros de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio de la Universidad Politécnica de Madrid y, en el momento de su encuentro con la familia, ya catedrático emérito. Su veredicto era determinante: de él dependía confirmar si la obra aeronáutica del ingeniero tenía o no relevancia científica e histórica.
López Ruiz llegó a Cantero Villamil en 2003 a través de un artículo de su amigo Félix González Pérez publicado en la revista Itavia sobre La Libélula Española. El contacto con la familia del ingeniero lo atrajo de inmediato al proyecto, en el que se convirtió, en palabras de Fernando Díaz de Aguilar, en «alma» e indispensable «motor». Él mismo dejó escrito que el estudio de aquella obra le produjo «una profunda admiración por la labor de este ingeniero de caminos, canales y puertos cuya aportación a la Aeronáutica creo debe ser conocida por el ejemplo y estímulo que puede ejercer en nosotros». Le resultaba incomprensible que una trayectoria como la de Cantero Villamil pudiera haber pasado inadvertida durante tanto tiempo.
A lo largo de sus encuentros con Isabel Díaz de Aguilar, López Ruiz le señaló tres asignaturas pendientes: publicar la totalidad de las patentes aeronáuticas depositadas en la Oficina Española de Patentes y Marcas; conseguir que la Fundación Aena —hoy Fundación ENAIRE— editara una biografía del ingeniero; y lograr que su nombre figurara en el Museo Aeronáutico de Cuatro Vientos junto a los de Torres Quevedo y Juan de la Cierva Codorniú. López Ruiz falleció en 2009 sin haber visto culminadas ninguna de estas metas, aunque el libro recoge que había iniciado por su cuenta las gestiones necesarias.
Hasta que en 2006 apareció la primera biografía de Cantero Villamil, su nombre no figuraba en ningún texto de referencia sobre la historia de las aeronaves de alas giratorias en España. Fue López Ruiz quien subsanó esa laguna al incluir un análisis pormenorizado de su obra en La contribución española en las aeronaves de alas giratorias (Eurocopter España / EADS Company, Madrid, 2011), reivindicando el reconocimiento que merecían su dedicación y esfuerzo.
En 2008 López Ruiz había publicado ya el ensayo «Federico Cantero Villamil y el primer helicóptero español», y Francisco González de Posada el texto «Federico Cantero Villamil, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos: su dedicación a la aeronáutica», ambos recogidos en el volumen Patentes sobre helicópteros obtenidas por D. Federico Cantero Villamil (INTEMAC, Madrid; edición bilingüe español-inglés).
Proyección internacional de la figura de Cantero Villamil
En septiembre de 2008, López Ruiz presentó ante la Asociación de Ingenieros Aeronáuticos de España reunida en Toulouse (Francia) la conferencia «The Golden Age of Rotary Wings in Spain (1920-1940). Federico Cantero Villamil y Juan de la Cierva Codorniú». Ese mismo nombre figuró además en homenajes colectivos a los ingenieros de Caminos que marcaron el primer siglo de la aeronáutica mundial —junto a Leonardo Torres Quevedo, Juan de la Cierva Codorniú y Jorge Loring Martínez—, organizados por el Colegio de Ingenieros de Caminos de Castilla-La Mancha en Guadalajara (2010).
El interés por su obra ha rebasado las fronteras españolas. En mayo de 2012, el ingeniero aeronáutico Erasmo Piñero presentó ante el History Forum 68 de AHS International (Fort Worth, Texas) la comunicación «The Work of Spanish Helicopter Pioneer Federico Cantero Villamil, and a Preliminary Design and Performance Review of the Helicopter Libélula Española». Al año siguiente, en el History Forum 69 (Phoenix, Arizona), el mismo investigador amplió el estudio, evidenciando la relevancia de la aportación española al campo de las aeronaves de alas giratorias en el plano internacional.
Fuentes digitales de acceso público
Las publicaciones digitales son, según el propio libro, uno de los instrumentos más eficaces para dar a conocer la figura de Cantero Villamil. A lo largo de los años, blogs, portales especializados y páginas web han recogido su historia y la de su helicóptero, aunque los autores se ocupan también de identificar y corregir los errores que con mayor frecuencia se han ido reproduciendo en dichos recursos.
Para quien desee profundizar con garantías en la vertiente aeronáutica del ingeniero, las fuentes más fiables y accesibles en red son el libro Federico Cantero Villamil. 1874-1946. Un ingeniero de Caminos en la vanguardia de su tiempo (Ministerio de Fomento, Madrid, 2017), disponible a través del portal Issuu del Colegio de Ingenieros de Caminos de Madrid, y el artículo «La vertiente aeronáutica de un ingeniero de Caminos», firmado por Álvaro González Cascón e incluido en ese mismo volumen (p. 139).
Fuente: Este artículo ha sido elaborado a partir del libro La huella de Federico Cantero Villamil en la sociedad e industria de Castilla y León (1874-1946). Recuperación y difusión de su legado, de Isabel Díaz de Aguilar Cantero y Federico Suárez Caballero. Publicado por la Consejería de Industria, Comercio y Empleo de la Junta de Castilla y León, Madrid, 2025. Todos los datos reflejados proceden exclusivamente de dicha obra. Las valoraciones técnicas corresponden al catedrático emérito José Luis López Ruiz.
Imagen: España en la Historia
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